Envases biodegradables: las pequeñas empresas dan un gran paso hacia la sustentabilidad
Los contenedores de plástico son fundamentales para la venta de alimentos, pero la contaminación ambiental que producen es alarmante. De a poco, las pequeñas y medianas empresas comienzan a utilizar envases biodegradables, mientras que a las grandes corporaciones les cuesta más el cambio.
Por: Victoria Cavalieri


Crédito: Sol Leguizamón
“La mayor parte de los plásticos se emplean en la fabricación de envases, es decir, en productos de un solo uso”, afirma Greenpeace. Además, la reutilización de plásticos tiene muchas limitaciones y restricciones, por lo que el 90% de los que hay en el mundo no pasó por un proceso de reciclaje, sumado a que tardan cientos de años en descomponerse. En Argentina, se calcula que cada año sus habitantes arrojan a la basura 13 millones de toneladas de plástico, cantidad suficiente para construir un edificio de 57 pisos. Con la esperanza de combatir este gran problema de contaminación ambiental, pequeños emprendedores están insertándose en la producción y venta de envases biodegradables para la industria alimentaria.
Una sustancia biodegradable es aquella que puede ser desintegrada por la acción biológica de microorganismos y convertida en nutrientes. Entonces, la ventaja de los envases biodegradables es que no generan residuos, y que contribuyen y continúan el ciclo vital. “Creemos que la utilización de materia orgánica para la fabricación de bolsas y utensilios de un solo uso o desechables es un paso importante para la eliminación total del plástico”, afirman Silvina Sobrero y Graciela Carignano, las fundadoras de Ciclo Verde Rosario. Este emprendimiento vende todo tipo de contenedores y envases para alimentos, con materiales que salen de la naturaleza y luego regresan a ella. Por otro lado, Qhantati Sustentable, empresa chilena, también surge de la preocupación de su dueño, Omar Bravo, por la contaminación del plástico. “Estamos haciendo un trabajo de generación de conciencia, de mostrarle al cliente y al público cómo pueden existir alternativas al packaging”, asegura Bravo sobre lo que considera esencial de su proyecto.

La continuación del ciclo vital ayuda a la economía circular, modelo de producción que busca reutilizar y reciclar los materiales lo más posible. Crédito: Sol Pellegrino.


“Muchas reuniones mueren en el precio”, afirma Alberto Contardo-Sfeir, de Empaque Sustentable, sobre los impedimentos que generan los altos costos. Crédito: Sol Pellegrino.

Para los emprendedores, la visibilización del problema del plástico es lo principal, pero hay una realidad que los limita: los costos de sus productos, notablemente más altos que los de plástico. Ciclo Verde Rosario tiene cuatro líneas de productos: los de almidón de maíz, de bagazo de caña de azúcar, de trigo y de caña de castilla. Todos estos materiales son importados. “Esperamos que en un futuro la materia prima se pueda producir en nuestro país, de esta manera bajaría mucho el costo y sería más competitivo llegando a ser de uso masivo”, cuentan las dueñas. Lo mismo ocurre en nuestro país vecino: “Me pasó de ir a ofrecer productos donde me cerraron la puerta porque me dijeron que eran más caros, que yo solo veía la ganancia y que no les interesaba”, asegura Omar Bravo, quien además agrega que debería haber una ayuda del gobierno para abaratar los costos, y así aumentar la competencia y la demanda. Sus productos se dividen en los compuestos por bagazo de caña de azúcar, los de ácido poliláctico, los de kraft y de madera, también traídos del extranjero.
Además de los altos costos, la utilización de envanses biodegradables implica un cambio enorme para las grandes corporaciones. Así lo explica Alberto Contardo-Sfeir, cofundador de Empaque Sustentable, otra empresa chilena que comercializa estos productos: “Para las empresas grandes, este no es solo un tema financiero, sino también de reingeniería de procesos [...]: hay que cambiar la maquinaria y la operación, entrenar a la gente, cambiar la experiencia del consumidor. Son tareas titánicas”. Es por esto que es difícil encontrar ejemplos de grandes empresas que utilicen envases biodegradables para todos sus productos. Sin embargo, hay casos como el de Carrefour, que en los últimos tres años redujo en un 50% la presencia de plásticos en la venta de frutas y verduras, y ahora las vende contenidas en cartón, mallas o en envases biodegradables.
En cambio, las pequeñas y medianas empresas son más ágiles para innovar, sus procesos de cambio son más simples y menos costosos. Esto explica por qué los empaques de este tipo siguen teniendo un público acotado en el sector alimentario. Desde Ciclo Verde Rosario, Sobrero y Carignano aseguran: “El mayor consumo es entre gente joven, especialmente vegetarianos y veganos, también restaurantes y comercios de productos orgánicos y saludables”.
Por su parte, Omar Bravo comenta: “Nosotros nos especializamos en envases principalmente para la industria HORECA, que son hoteles, restaurantes, cafeterías, y todo lo relacionado con ese tipo de alimentación”. La mayoría de sus clientes ya tenían adoptada la sustentabilidad dentro de su modelo de negocio, ya que es un aspecto que el consumidor demanda y valora cada vez más. Esto lo confirma Ignacia Carvallo, cofundadora de Wok 71, un restaurante de comida del Sudeste Asiático: “Los clientes te miran con cara distinta. Cuando piden para llevar y les digo que el vaso es compostable [...], que el bowl es biodegradable, te miran con cara de: '¡Qué bueno!', y te siguen comprando”.
Otros emprendimientos chilenos comenzaron a considerar los productos biodegradables en este último tiempo, impulsados por el proyecto de ley que limita los plásticos de un solo uso en locales de comida y delivery, aprobado en mayo del 2021. Esto ilustra que la legislación ayuda a acelerar la concientización y el cambio.

Es muy importante que toda la materia prima esté certificada, para garantizar su inocuidad alimentaria y su compostabilidad. Crédito: Sol Pellegrino.
La Argentina todavía no cuenta con ninguna regulación sobre el uso de envases plásticos en la industria alimentaria en particular. Sin embargo, durante el último tiempo sí han surgido distintas leyes que fomentan la reducción de la contaminación plástica. En el 2017 el Gobierno prohibió que los comercios entreguen bolsas plásticas livianas no biodegradables, y en el 2019 eliminó los sorbetes convencionales. Además, en junio del 2020 se aprobó el reglamento para la reducción progresiva de los plásticos de un solo uso en los parques nacionales y áreas protegidas; y, en septiembre de este año, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, Juan Cabandié, anunció que se está por enviar al Congreso un proyecto de ley de envases y promoción de reciclaje inclusivo.
Mientras se concretan los largos procesos legislativos en la Argentina, los ciudadanos pueden generar un cambio individualmente, no solo consumiendo en lugares con conciencia ambiental y comprando estos envases, sino también acelerando su proceso de biodegradación a través del compostaje. En esta actividad interviene la mano del hombre en la descomposición natural de los residuos para aprovechar el abono del compostaje a su manera y a su tiempo. Puede hacerse industrialmente, como sucede en los centros de compostaje de la ciudad, como de forma doméstica. Hay dos tipos de residuos orgánicos que pueden compostarse: los restos marrones, que son las hojas secas, chips de madera, servilletas, cartón, papeles, entre otros; y los verdes, como las cáscaras de frutas y verduras, restos de café, pasto, etc. Se recomienda compostar tres partes de restos marrones con una parte de los verdes.

Con el abono orgánico obtenido del compostaje se puede fertilizar una huerta doméstica. Crédito: Sol Leguizamón.

Para comenzar, se van colocando los residuos en una compostera domiciliaria a medida que se generan, y se los mezcla cada vez que se agregan nuevos. Como el compostaje es llevado a cabo por microorganismos, se deben regular tres condiciones: el oxígeno, chequeando que pueda fluir el aire en su interior; la humedad, asegurándose de que no gotee; y el tamaño, intentando que los materiales no midan más de tres centímetros. El compost estará listo cuando el material se convierta en una mezcla homogénea, de color negro oscuro, que huele a tierra fresca. En ese momento podrá enterrarse en los sitios donde se quiera mejorar la tierra o las plantas. Para más información, la Ciudad de Buenos Aires posee una guía de compostaje domiciliario que explica detalladamente todo el proceso.
Cuando una persona apuesta por un emprendimiento sustentable, utiliza un envase biodegradable y luego lo composta, está contribuyendo al crecimiento competitivo de este nuevo mercado y cuidando al planeta, ya que evita la contaminación por plásticos y le devuelve sus nutrientes a la tierra para continuar con el ciclo vital.





